jueves, 15 de octubre de 2009

Casa Juanita, el mejor pescado

Casa Juanita
c/ Pi i Ralló, 7
17255 Begur
Tel. 34 972-62.20.13

Aaayyy... Hacía un montón de días que no añadía ningún nuevo restaurante a este blog. Una lesión muy molesta pero nada grave me impedía escribir en el ordenador. Y ahora que vuelvo estar en forma, voy y elijo un restaurante del que no sé si debería hablar. No porque no se lo merezca, si no porque aún no está masificado, no se ha convertido en una de esas referencias de las que todos hablan, especialmente los que se mueren por estar a la última en la moda gastronómica. Por fortuna, este blog registra pocas lecturas, de modo que puedo confiar en que este restaurante, uno de mis preferidos, continuará siendo, al menos durante un tiempo, un diamante desconocido.

¡Ah! Pero no hay que dejarse engañar por lo que acabo de decir. Aunque no esté masificado, es pequeño, y conviene pedir mesa con antelación. Además, suele cerrar en los meses de menos turismo (no en vano Begur es una población de la costa Brava) y es mejor asegurarse de que está abierto.

Casa Juanita (o Restaurante Juanita, como pone en su tarjeta) lleva el nombre de su creadora, una mujer muy amable y atenta a pesar de su seriedad, y con una mano excelente para preparar el pescado. Pero ahora ya se ha retirado y su hijo ha tomado el relevo, con resultados, en cuanto al pescado, tan acertados como cuando estaba su madre al frente de la cocina.


De eso se trata, pues. De pescado. Hace años era casi todo lo que ofrecía, además de unas ensaladas aliñadas de manera soberbia. Hoy, las ensaladas continúan siendo buenas aunque han perdido un poco de ese toque tan especial, y la carta tiene más variedad: pescado, carne y entrantes diversos. Pero yo sólo voy a hablar del pescado, que es lo único que pedimos cuando vamos allí. El secreto está en la materia prima y en un tipo de cocción tan sencillo como extraordinario en sus efectos.

Una vez sentados a la mesa, te muestran en una bandeja el tipo de pescado del que disponen ese día, capturado esa misma noche o el día anterior como mucho, fresquísimo, y siempre de la zona de la costa Brava, de modo que la mayoría es pescado de roca (dorada salvaje, escórpora –rascassa la llaman ellos–, y otras especies típicas), excelente y muy gustoso. Tras la elección de los comensales, el hijo de Juanita coloca el pescado en una bandeja realizada con papel de plata, le añade tomate, cebolla, patatas cortadas en tacos, aceite... y lo mete todo en un horno de leña. Bueno, sí, es sencillo de hacer, pero acertar en el punto justo de cocción para que el pescado no quede demasiado hecho ni astilloso y las patatas adquieran una leve textura crujiente, tampoco es ninguna tontería. Es, de verdad, el mejor pescado que he probado en ningún sitio.

La carta de vinos es corta pero suficiente. Como nunca pedimos postres, no sé qué tal son. El café es bueno. Y el local, del que ya he dicho que era pequeño, tiene su encanto. Pocas mesas, algo bajas, con sillas pequeñas y bancos corridos, todo en estilo bastante rústico pero nada hortera ni cutre. No es comodísimo (antes era peor, porque en lugar de sillas había taburetes bajos), pero el ambiente agradable y familiar (no penséis en una casa rural, que no va por ahí, es más una cuestión de proximidad) y la excelente comida consiguen que te sientas muy a gusto durante todo el rato.

En cuanto al precio total de la comida, es difícil dar uno aproximado. Como el del pescado es según mercado, en función de lo que pidas te puedes gastar más o menos. Si se duda o el presupuesto con el que se cuenta es ajustado, vale la pena preguntar antes de decidirse por un tipo u otro de pescado, aunque en la carta figuran precios orientativos. No hay que cortarse, que son muy amables y tienen todo tipo de comensales (también los pijos de la zona, claro, qué se le va a hacer). En todo caso, es posible que ronde los 40 euros por persona, pero también puede ser menos, o más.

Casa Juanita es, en resumen, una maravilla que ningún amante del pescado debería perderse.

viernes, 28 de agosto de 2009

El Sala de Berga, una lástima

Restaurant Sala
Passeig de la Pau, 27
08600 Berga
Tel. 34 93-821.11.85

El restaurante Sala de Berga tiene, en general, buena fama, especialmente por sus platos confeccionados a base de setas, y eso a pesar de ser bastante caro, en ocasiones por encima de lo que sería una buena relación calidad-precio. Decidimos reservar mesa un día laborable del mes de agosto. Al llegar, vimos en la puerta que ofrecían, además de los platos de la carta, un menú diario de 22 euros más IVA. Pero, una vez sentados a la mesa, sólo nos ofrecieron las cartas y ni rastro del menú. Fue preguntar por él y cambiar completamente la actitud de la persona que nos atendía, que empezó a hacerlo de manera displicente y un poco despectiva. Así que nuestra indignación nos llevó a dejar a un lado la carta (a la que no habíamos decidido renunciar de entrada ni mucho menos) y pedir sólo los platos del menú.

A continuación, la persona encargada de atendernos nos preguntó si queríamos agua y vino (incluidos en el menú), sin advertirnos de que el vino que nos iba a servir era rosado. Una lástima para ellos (y para nosotros, claro), ya que, de haberlo sabido, hubiéramos pedido la carta de vinos para elegir uno diferente, a sabiendas de que había que pagarlo de manera extra.

La comida estaba muy buena; en este sentido, el restaurante cumple con la fama que le precede. Pero justo cuando todos, excepto uno de nosotros, habíamos acabado con el segundo plato, la persona que nos atendía comenzó a retirar no sólo los platos vacíos, si no también el pan y todo aquello que se suele retirar cuando se va a dar paso a los postres. Una falta de educación muy evidente que los responsables de un restaurante de este tipo conocen de sobra. La sensación que tuvimos fue que deseaban que nos marchásemos lo antes posible.

Los postres, excelentes; el café, horrible.

El resultado de todo ello es que han perdido a unos potenciales buenos clientes (vamos a Berga a menudo y nos gusta comer bien) y que, si a alguien le da por leer esto, no creo que le apetezca mucho aparecer por allí. La verdad es que no vale la pena comer en restaurantes en los que te valoran por la cantidad de dinero que ellos creen, prejuiciosamente, que estás dispuesto a gastarte.

martes, 28 de julio de 2009

Paco Meralgo, tapas adictivas

Paco Meralgo
c/ Muntaner, 171 (chaflán Còrsega)
08036 Barcelona
Tel. 34 93-430.90.27

Como "alta taberna" se publicita este restaurante que pertenece al grupo de los restaurantes L'Olivé, Vinya-Roel, Barceloneta y Tuset, y que se encuentra, precisamente, donde antes estaba el primero de ellos. Otro día hablaré de L'Olivé, que es el que conozco mejor. Pero hoy toca Paco Meralgo porque sus tapas crean auténtica adicción en quien las prueba.

El local está decorado de forma minimalista, con madera clara, bastante acogedora. Mesas altas con taburetes también altos, y barras a lo largo de las paredes y en la parte central. Una buena distribución que no agobia y que, además, permite mantener una zona para fumadores, ya que el restaurante está dividido en dos, de forma casi simétrica, con una parte de cocina y la zona de las barras centrales como línea de separación.

Lo primero que llama la atención al entrar es el bullicio de los camareros. Se dan indicaciones entre ellos de una punta a otra del restaurante, anuncian en voz bastante alta algunos platos recién cocinados (luego explico cuáles), agradecen a coro las propinas y, sobre todo, establecen relaciones bastante divertidas con los clientes: les hacen bromas simpáticas, charlan con ellos cuando les conocen un poco... Bueno, hay días en que están más callados que otros, pero cuando tienen el día movido pueden resultar realmente graciosos y nunca les he oído ningún comentario ofensivo.

Aunque tienen todo tipo de comensales, predomina la clientela fiel y también de cierto nivel adquisitivo. Hay bastante bronceado de yate calzado con náuticos, y parejas de cierta edad típicas del Eixample. Pero también comen allí algunas familias con niños, grupos de parejas jóvenes o de amigos, bastante normales todos. La clientela de la noche es diferente de la del mediodía, claro, y yo conozco sobre todo esta última. En todo caso, casi siempre está bastante lleno y es prudente reservar con cierta antelación si se quiere encontrar mesa y no esperar para comer en la barra.

La razón de esta variedad está en lo muy diferente que puede ser el precio de la comida según lo que se pida. Por supuesto, te puedes llegar a gastar mucho dinero si te dedicas a pedir tapas de su excelente marisco. Pero también puedes comer por un precio razonable (unos 35 euros por persona) si te decantas por algunos otros platos que no tienen nada que envidiar al marisco. Croquetas de jamón y pollo o de marisco, esqueixada de bacalao (excelente, como la que ofrecen en todos los restaurantes del grupo), boquerones fritos, montadito de steak tartar, ensaladilla rusa, virutas de alcachofa rebozadas y fritas y setas salteadas (en temporada), carpacio de atún, dados de solomillo a la pimienta o al ajillo... Y los postres, otro tanto: tienen unos pastelitos borrachos deliciosos, y también preparan torrijas (o tortas de santa Teresa como las llaman ellos). La verdad es que una vez que lo pruebas, no puedes dejar de volver.

Hay un detalle más. Los domingos, además de preparar paellas riquísimas por encargo para llevar a casa, van cocinando diferentes tipos de exquisitos arroces (de pescado, de carne, de verduras...) que ofrecen a los comensales en minirraciones a medida que los tienen listos, con un máximo de pedidos. Cuando ya se han atribuido a los clientes todas las tapas de que da de sí un determinado arroz, se cierra el ofrecimiento y a esperar el siguiente. Una idea excelente para comer un poco de arroz y que siempre esté en su punto.

Lo dicho: crea adicción.

domingo, 21 de junio de 2009

Ugarit, buena comida siria

Ugarit
Varios locales en Barcelona:
Gràcia, Born i Vila Olímpica
(Ver direcciones al final de la entrada)

Tras oír los comentarios sarcásticos de mis hermanas respecto al tipo de restaurante del que hablo en este blog (todos ellos alrededor de los 50 euros por persona), me he decidido a escribir sobre uno con el que espero que se queden contentas. Así, de paso, demuestro que por debajo de los 50 euros también hay vida, y de la buena.

Si no me equivoco, hay siete restaurantes Ugarit en Barcelona. Por lo que sé, no se trata de una franquicia, si no de una cadena ligada a un propietario principal, un hombre sirio que ha sabido traer a la capital catalana algunas de las delicias de la comida de su país y hacerlo con éxito. De los siete locales, cinco están en el barrio de Gràcia, uno está en el Born y el séptimo se encuentra en el interior del centro comercial "La Vila", en la Vila Olímpica.

No son restaurantes sofisticados, ni pretenden nada más allá de lo que ofrecen: buena comida siria a buen precio. Decorados todos ellos en tonos burdeos, con cierta austeridad que huye de barroquismos orientales, pero sin perder de vista una mínima confortabilidad para los clientes, todos ellos tienen también el mismo tipo de carta: platos individuales y combinados que acercan al comensal las recetas principales de la comida siria. También ofrecen servicio de comida para llevar.

La verdad es que hace muchos años que frecuento restaurantes sirios y libaneses, que ofrecen platos muy similares, y tengo que reconocer que la comida de los Ugarit es de las mejores, con la ventaja añadida de que no organizan espectáculos de bailarinas ni cosas similares que me ponen siempre los pelos de punta (no por nada, si no porque me gusta comer con tranquilidad y sin demasiado ruido ambiental).

Sabrosas ensaladas, cremas típicas como el hommos o el labné, platos vegetales como el falafel, arayés de queso o de carne, shawarma, cuscús... toda una variedad de recetas que trasladan a Barcelona la comida del extremo oriental del Mediterráneo. Incluida esa respostería dulcísima que a mí no me gusta nada pero que tiene muchos adeptos, y hasta siete variedades de tés. Eso es lo que se puede encontrar en los Ugarit. Además, cuidan bien los ingredientes y la preparación, que no es nada grasienta.

El servicio siempre es muy amable y atiende a la clientela con esa hospitalidad típica de los países de cultura árabe.

No son restaurantes para comer lentamente y hacer sobremesa. Se podría, pero no es esa la dinámica. La espera al principio y entre plato y plato es mínima, por lo que entras y sales (bien comido) en media hora o tres cuartos. Por eso son una muy buena opción para comer tarde los fines de semana e ir al cine después en primera sesión.

El precio medio de una comida completa: alrededor de 20 euros por persona. A ver, niñas: ¿dejaréis ya de pensar que sólo escribo sobre restaurantes pijos?

(Nota: a petición de mis hermanas, a las que parece que por fin les ha gustado una entrada del blog y que son una vagas, incluyo las direcciones de los restaurantes Ugarit.)
Ugarit Gràcia
c/ Bruniquer, 33-35
08024 Barcelona
Tel. 34 93-285.56.94

Ugarit Bruniquer

c/ Bruniquer, 37
08024 Barcelona
Tel. 34 93-284.12.14

Ugarit Plaça Joanic
c/ Bruniquer, 69
08024 Barcelona
Tel. 34 93-285.67.06

Ugarit Amrit
c/ Verdi, 18
08012 Barcelona
Tel. 34 93-217.65.50

Ugarit Verdi
c/ Verdi, 11
08012 Barcelona
Tel. 34 93-217.86.22

Ugarit Vila Olímpica
Av. Icària, 168
Centre comercial de "La Vila"
Tel. 34 93-221.23.28

Ugarit Born
c/ Comerç, 29
08003 Barcelona
Tel. 34 93-310.08.73

Recomendaciones: el Ugarit del Born no lo conozco; el del centro comercial de "La Vila" es recomendable sólo si se va de compras allí o al cine, porque resulta un poco claustrofóbico al estar en el interior; de los de la calle Bruniquer, el mejor, para mí, es el que está enfrente de la plaça Joanic (el de Bruniquer, 69), aunque el de Bruniquer 33-35 tampoco está mal; y de los de la calle Verdi, el mejor es el Amrit, por amplitud de espacio.

lunes, 15 de junio de 2009

El Racó del Cargol, una perla de l'Hospitalet

El Racó del Cargol
c/ Dr. Martí Julià, 54
08903 L'Hospitalet de Llobregat
Tel. 34 93-449.77.18

La Masia del Rocxi
Passeig Sant Antoni, 17
08014 Barcelona
Tel. 34 93-490.41.15

El Racó del Cargol es uno de los tres restaurantes que posee la familia Guilera Galimany, junto con La Masia del Rocxi de Barcelona (en Sants, muy cerca de los cines Balañá) y el Rocxi en Sant Joan Despí. Yo sólo he estado en los dos primeros, pero supongo que el Rocxi de Sant Joan Despí sigue la misma tónica: restaurante de ambiente familiar pero muy profesional, buen cuidado de la materia prima y excelentes platos. De todos modos, y a pesar de que La Masia del Rocxi no tiene nada que envidiar al Racó del Cargol, me quedo con este último. No puedo dar una razón objetiva de mi elección, ni siquiera defenderla. Sencillamente, me gusta más. Puede que sea tan sólo una cuestión de ambiente.

Para los "cobardicas" de Barcelona que no se atreven a entrar en l'Hospitalet porque las calles son muy liadas: el restaurante está muy cerca del Mercat de Collblanc y es muy fácil de encontrar. Y si ni aun así se ven capaces, en La Masia del Rocxi pueden encontrar el mismo tipo de comida. Sea como fuere, ambos restaurantes están muy solicitados, por lo que es aconsejable reservar mesa antes de ir.

La carta es extensa y está repleta de propuestas apetitosas, hasta el punto de que es difícil decidirse. De modo que la mejor opción es repetir visita y probar nuevas cosas cada vez. Ofrecen platos de temporada (como las setas en otoño, por supuesto), pero tienen también varios clásicos que no hay que menospreciar.

Por lo que he observado, muchos comensales acuden por la fama de sus arroces y pescados. Nosotros nos decantamos más por la carne, sobre todo por el filete a la sal (cortado como si fuese un carpaccio, pero tibio y mucho más meloso), pero hay un montón de opciones más: los boquerones fritos y marinados con vinagre y miel, las habitas con chipirones y setas, el pulpo al carbón... Y, por encima de todos ellos, los sensacionales caracoles, hechos en una cazuela de hierro y con una picada riquísima.

Una comida completa para dos, con postre y bebida, ronda los 100 euros. Y tienen zona de fumadores.

Loidi, menús de alta cocina

Loidi
c/ Mallorca, 248
08008 Barcelona
Tel. 34 93-492.92.92

El Loidi es el "hermano pequeño" del Lasarte, el restaurante que Martín Berasategui abrió en Barcelona hace algo más de tres años y que se encuentra en el hotel Condes de Barcelona. Dirigido también por el cocinero vasco y situado justo enfrente de su "hermano mayor", en la calle Mallorca, entre el Passeig de Gràcia y la Rambla de Catalunya, es una forma económica de acercarse a la alta cocina vasca. Además, a diferencia del Lasarte, que está cerrado los fines de semana, el Loidi no sólo abre los sábados, sino también los domingos a mediodía.

El local tiene una pequeña zona para fumadores que se agradece, aunque la decoración y el mobiliario, cuidados pero algo fríos, no inviten demasiado a las sobremesas largas. En todo caso, el servicio es muy atento y eficiente, y resulta una buena opción para comer bien antes de, por ejemplo, ir al cine en primera sesión de tarde.

Y, ¿cómo consigue que se pueda disfrutar de la excelente cocina de Berasategui a buen precio? Pues con una carta un poco particular, que sólo dispone de dos menús (sin platos adicionales). El primer menú cuesta 37 euros por persona y consta de cuatro platos: entrante, pescado, carne y postre, con dos o tres opciones a elegir para cada uno de ellos. El segundo, a un precio de 45 euros, es una especie de minimenú de degustación, con cuatro platos más postre, pero en este caso no hay elección posible excepto para el postre.

La oferta es muy restringida, sí, pero está muy bien pensada y es de suficiente calidad como para que el comensal pueda disfrutar de ella sin mayores problemas. No es difícil encontrar, sobre todo en el menú de 37 euros, cuatro buenas opciones. Los postres, por supuesto, son deliciosos.

Una advertencia: en el precio de ambos menús no están incluidas ni las bebidas ni los cafés, por lo que, al final, una comida completa para dos personas se acaba acercando mucho a los 100 euros.

martes, 2 de junio de 2009

Miramar, una de las estrellas de l'Empordà

Miramar
Passeig Marítim, 7
17490 Llançà
Tel. 34 972-38.01.32

Aunque sólo he estado una vez en este restaurante de la Costa Brava empordanesa, vale la pena hacer un breve comentario sobre él.

Situado en el passeig Marítim de Llançà, a pie de playa, y con unas magníficas vistas sobre el puerto y la bahía, el local se encuentra en los bajos de un edificio que aloja, también, al hotel Miramar. Sorprendentemente, el hotel es de sólo una estrella, mientras que el restaurante cuenta con una de las muy buscadas estrellas Michelin. Bueno, puede que mi sorpresa se deba tan sólo a un prejuicio, pero para mí resulta un poco chocante.

En todo caso, y a pesar de todos los peros que puedan ponérsele a la forma de valoración que tiene la "temible" guía Michelin, la estrella otorgada al restaurante está, en este caso, totalmente justificada, o al menos eso me pareció a mí en mi primera, y hasta el momento única, visita al Miramar.

El espacio es muy agradable, decorado en blancos que crean un ambiente limpio y contrastado con el azul del mar que tiene justo enfrente. El servicio, aunque no es muy numeroso, es muy atento y profesional. De todos modos, hay una pega. Es de esos restaurantes en los que tú no te sirves el vino, sino que, después de colocarlo alejado de la mesa, te lo sirven ellos. Esto, que supongo que se hace como una atención hacia el comensal, puede llegar a convertirse en una desatención si la persona que se ocupa de ir llenando las copas no está muy atenta. Nunca me ha parecido ésta una buena opción para servir el vino. Prefiero disponer de él cuando me apetezca, y no me parece mejor un restaurante por el hecho de llevar a cabo esta práctica.

Siguiendo con los vinos, vale la pena hablar un poco de la carta. Es muy historiada, impresa en forma de libro de gran formato. Muy bonita, pero muy poco práctica. Contiene mucha información sobre cada tipo de vino y sobre cada denominación de origen; tanta información que resulta imposible leerla durante el proceso de elección, con lo que lo único que acaba consiguiendo es que te resulte bastante difícil encontrar el vino deseado. Aun así, disponen de vinos remarcables.

En cuanto a la comida, los platos que escogimos resultaron excelentes. Un tartar de atún y unos boquerones fritos como entrantes, y un arroz de segundo. Los aperitivos del inicio, los postres y los petit fours estaban también deliciosos. La verdad es que, aunque la carta no es muy extensa, hay tantos platos con aspecto apetecible que resulta difícil dedicirse. Quizá por eso ofrecen también dos menús variados: uno de degustación y otro de temporada.

Una comida completa para dos, regada con un buen vino, nos costó unos 180 euros. No es barato, pero vale la pena probarlo, aunque sea para una ocasión especial.